Hay arquitecturas que se construyen con concreto, acero y madera. Otras se construyen a través de conversaciones, alianzas y comunidades capaces de imaginar un futuro compartido. Ambas requieren la misma disciplina.
Con frecuencia asociamos el liderazgo profesional con la administración de una institución o la organización de eventos. Sin embargo, cuando el liderazgo se ejerce desde la arquitectura, su verdadero propósito consiste en algo mucho más profundo: crear las condiciones para que otros puedan diseñar mejor, aprender más y encontrar una comunidad que fortalezca su práctica.
Esa fue, quizás, la idea que dio forma al año de Eliseo Berríos Rosado como presidente del capítulo de Puerto Rico del American Institute of Architects (AIA Puerto Rico). Más que una sucesión de actividades, el Year in Review 2025 revela una visión consistente sobre el papel que debe desempeñar una organización profesional en un momento de profundas transformaciones para la arquitectura.

Quienes conocen a Eliseo saben que su trabajo nunca ha separado el diseño de la educación, ni la práctica profesional del servicio público. La misma curiosidad que guía un proyecto arquitectónico ha orientado también su manera de entender el liderazgo: escuchar antes de proponer, construir redes antes que estructuras y reconocer que el crecimiento colectivo siempre produce un impacto más duradero que el éxito individual. Su presidencia en AIA Puerto Rico fue una extensión natural de esa filosofía.
El año comenzó con una premisa sencilla, resumida en una campaña que rápidamente se convirtió en una declaración de identidad: "Soy AIA Puerto Rico". Más que un lema institucional, representó una invitación a fortalecer el sentido de pertenencia dentro de la profesión. A lo largo del año, esa idea se tradujo en una agenda que combinó educación continua, mentoría, visibilidad pública y colaboración regional, reafirmando el papel del capítulo como un espacio de encuentro para arquitectos, estudiantes y profesionales aliados.
Pero toda visión necesita convertirse en acciones.
Una de las prioridades fue fortalecer el desarrollo de las nuevas generaciones. Se organizaron programas de mentoría, encuentros para profesionales emergentes, investigaciones sobre condiciones laborales y oportunidades para facilitar la transición entre la academia y la práctica profesional. También se impulsó la creación del primer comité de Emerging Professionals del capítulo y se promovieron iniciativas relacionadas con el programa IPAL, ampliando las posibilidades para quienes comienzan su trayectoria.
Ese compromiso con la formación no terminó en los arquitectos jóvenes.
Durante el año se ampliaron los esfuerzos para acercar la arquitectura a estudiantes universitarios mediante actividades desarrolladas junto al American Institute of Architecture Students (AIAS), fortaleciendo la relación entre ambas organizaciones y reafirmando que invertir en los estudiantes significa invertir en el futuro de la profesión. Paralelamente, comenzaron conversaciones con el Departamento de Educación para explorar programas de arquitectura en etapas tempranas del proceso educativo, una línea de trabajo que posteriormente evolucionaría hacia nuevas iniciativas educativas impulsadas por Eliseo desde otros espacios.
La inclusión también ocupó un lugar central.
El lanzamiento del Women in Architecture Committee marcó uno de los hitos más importantes del año. En pocos meses, el comité superó el centenar de integrantes, estableció programas de mentoría, creó la beca Beatriz del Cueto FAIA Grant y representó por primera vez al capítulo en el AIA Women's Leadership Summit. Más allá de las cifras, la iniciativa reflejó una comprensión más amplia del liderazgo: una profesión más fuerte es aquella donde existen más voces, más perspectivas y mayores oportunidades para participar.
Otro eje fundamental fue la defensa de la profesión.
Durante 2025, AIA Puerto Rico fortaleció su presencia ante agencias gubernamentales y procesos legislativos relacionados con la práctica arquitectónica, la educación y la seguridad pública. También impulsó acuerdos de colaboración para integrar arquitectos como primeros respondedores técnicos dentro del programa nacional de asistencia ante desastres, reconociendo el papel de la arquitectura no solo en el diseño de edificios, sino también en la resiliencia de las comunidades.
La conversación tampoco permaneció dentro del archipiélago.
Bajo esta presidencia, AIA Puerto Rico amplió significativamente su presencia internacional mediante intercambios con México, Nueva York, Florida, Boston y otros capítulos del AIA. La conferencia anual "Identity, Territory, and Contemporary Practice" reunió voces de Puerto Rico, América Latina y el Caribe alrededor de una misma pregunta: ¿cómo diseñar desde nuestro contexto sin renunciar a dialogar con el mundo? Esa misma pregunta ha acompañado la práctica de Almateria desde sus inicios y continúa definiendo gran parte de nuestro trabajo editorial y arquitectónico.
Quizás el momento más simbólico del año llegó con la celebración de la 50.ª edición de los Premios de Diseño y Honor.
Más que una ceremonia, el aniversario se convirtió en un ejercicio de memoria colectiva. El programa rindió homenaje a generaciones de arquitectos que han construido la profesión en Puerto Rico, al tiempo que incorporó nuevas categorías, reconoció investigaciones, estudios emergentes y reafirmó la importancia de los premios como un espacio para reflexionar sobre la identidad, el territorio y la evolución de la arquitectura puertorriqueña.
El año también dejó resultados medibles.
La membresía del capítulo alcanzó uno de los niveles más altos de su historia, acercándose a su meta de miembros. La estrategia digital multiplicó el alcance de la organización, superando los tres millones de visualizaciones y posicionando al capítulo como una plataforma de referencia para la conversación arquitectónica en Puerto Rico. La educación continua mantuvo una programación activa con decenas de cursos aprobados por el AIA, mientras las alianzas con organizaciones profesionales fortalecieron el ecosistema del diseño y la construcción en la isla.
Sin embargo, reducir un año de trabajo a indicadores sería perder de vista lo esencial.
Lo verdaderamente importante fue la manera en que todas esas iniciativas respondían a una misma visión. Cada programa, cada conferencia, cada alianza y cada encuentro buscaba responder una pregunta sencilla: ¿cómo fortalecer la comunidad arquitectónica para que pueda servir mejor al país?
Esa ha sido una constante en la trayectoria de Eliseo. Una línea de tiempo de una visión:
- 2015: Fundación de ALMATERIA, construir una práctica arquitectónica donde la materia, el territorio y la identidad dialoguen con el diseño contemporáneo. Además, Eliseo ha sido profesor universitario y mentor con el propósito de formar nuevas generaciones de arquitectos dentro y fuera del aula.
- 2025: Eliseo asume la presidencia de AIA Puerto Rico con la misión de fortalecer la comunidad profesional mediante educación, mentoría, representación institucional y proyección internacional.
- 2026: Eliseo continúa impulsando iniciativas educativas como Design Pathways, seleccionada por el AIA College of Fellows Component Grant, y continúa esa labor desde el AIA International Global Mentorship Program, ampliando el alcance de una misma convicción: la arquitectura también se construye formando personas.
Vista en perspectiva, esa secuencia revela algo importante. Cada etapa parece distinta, pero todas responden a una misma pregunta: ¿cómo puede la arquitectura dejar un legado que trascienda los edificios?
Desde ALMATERIA creemos que esa respuesta nunca ha estado únicamente en las obras construidas.
También aparece en las comunidades que fortalecemos, en las instituciones que ayudamos a transformar, en las conversaciones que generan nuevas ideas y en las personas que encontrarán, gracias a esos esfuerzos, una profesión más abierta, más colaborativa y mejor preparada para enfrentar los desafíos del futuro.
Porque diseñar con la materia también significa diseñar con las personas. Significa entender que toda arquitectura comienza en un territorio, se nutre de una comunidad y encuentra su mayor permanencia cuando contribuye a construir una cultura compartida. Ese sigue siendo el principio que orienta nuestro trabajo: una arquitectura arraigada en Puerto Rico, comprometida con su gente y capaz de dialogar con el mundo.

