Diseñar con la materia: una conversación desde el Caribe hacia América Latina

Por: Arq. Eliseo Berríos Rosado, M.Arch., AIA

· Presentation,TECH Monterrey,International

Hay momentos en que la arquitectura deja de construirse con planos y comienza a construirse con palabras.

No porque las ideas sean más importantes que los edificios, sino porque toda obra nace, primero, de una manera de entender el mundo. Antes de decidir dónde colocar un muro o cómo resolver una estructura, existe una conversación sobre el lugar, la memoria, el clima, los materiales y las personas que habitarán ese espacio.

Quizás por eso las escuelas de arquitectura siguen siendo uno de los lugares más importantes para la profesión. No únicamente porque allí se forman nuevos arquitectos, sino porque allí las preguntas permanecen abiertas. La academia conserva la capacidad de cuestionar aquello que la práctica cotidiana, por la urgencia de los proyectos, muchas veces da por sentado.

Arq. Eliseo Berrios impartiendo una charla en  el Technológíco de Monterrey en México

Con esa convicción nació la invitación del Tecnológico de Monterrey en México para compartir la conferencia "Diseñar con la materia: de lo tectónico a lo sensorial", un espacio de diálogo con estudiantes y profesores de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño sobre una pregunta que ha acompañado la evolución de Almateria desde sus inicios: ¿qué ocurre cuando dejamos de entender los materiales únicamente como sistemas constructivos y comenzamos a reconocerlos como un lenguaje capaz de transmitir memoria, identidad y emoción?

La conversación no comenzó hablando de proyectos. Comenzó hablando de Puerto Rico.

Porque toda arquitectura nace desde un territorio específico. En nuestro caso, ese territorio es un archipiélago donde convergen la herencia indígena, la arquitectura colonial, el modernismo tropical y una constante negociación entre naturaleza y ciudad. Diseñar desde Puerto Rico significa aceptar esa complejidad como punto de partida, no como una condición que deba superarse. Nuestra arquitectura existe porque existe este paisaje, este clima y esta historia.

Con frecuencia, cuando pensamos en innovación, imaginamos materiales nuevos o tecnologías más sofisticadas. Sin embargo, muchas veces la verdadera innovación consiste en volver a mirar aquello que ya conocemos.

Un bloque ornamental. Un piso de terrazo. Una pieza de hormigón. Una piedra que envejece junto al paisaje.

Durante la conferencia insistimos en una idea sencilla: la materia no solo construye; también comunica. Cada material posee una dimensión cultural, táctil y visual que influye en la manera en que experimentamos un espacio. Su textura, su peso, su temperatura y su envejecimiento forman parte del lenguaje arquitectónico tanto como la proporción o la estructura.

Eso explica por qué en Almateria hablamos de un minimalismo sensible. No buscamos reducir la arquitectura hasta convertirla en un ejercicio de abstracción. Buscamos eliminar lo innecesario para permitir que los materiales revelen su propia voz. Reducir no significa empobrecer; significa enfocar. Cuando un material conserva su honestidad, también conserva la capacidad de establecer una relación más profunda con quienes habitan el espacio.

Pero la materia nunca actúa sola. Necesita de la luz.

En el Caribe, la luz constituye probablemente nuestro material más cambiante. Ningún muro permanece igual durante el día. Las sombras transforman la percepción del espacio, revelan texturas invisibles y convierten la arquitectura en un escenario en constante movimiento. Diseñar para nuestro clima implica entender que el edificio no termina cuando concluye la construcción. Cada amanecer vuelve a proyectarlo de una manera distinta.

Por eso muchos de los proyectos compartidos durante la conferencia recurren a gestos aparentemente sencillos: un gran ventanal que enmarca el paisaje, un muro perforado que filtra el sol, un bloque ornamental que regula la ventilación cruzada o un elemento metálico que transforma la sombra en parte de la experiencia cotidiana. Son decisiones que responden tanto al desempeño ambiental como a la percepción sensorial del espacio. En ellas, la tecnología y la emoción dejan de ser conceptos opuestos para convertirse en una misma estrategia de diseño.

Otro de los temas centrales fue la memoria.

La arquitectura tiene la capacidad de activar recuerdos sin necesidad de recurrir a la nostalgia. Una losa hidráulica puede evocar. la identidad de una ciudad. Un piso de terrazo puede devolver dignidad a un edificio existente. Un bloque ornamental puede recuperar una conversación iniciada hace décadas por arquitectos como Henry Klumb y reinterpretarla para responder a los desafíos ambientales contemporáneos. La innovación no consiste siempre en inventar nuevas formas; muchas veces consiste en descubrir nuevas preguntas dentro de las formas que ya nos pertenecen.

Esa misma lógica explica por qué la investigación de ALMATERIA ha comenzado a extenderse desde el edificio hacia el objeto.

Cuando diseñamos mobiliario, bloques ornamentales o piezas de concreto, no estamos cambiando de disciplina. Seguimos haciendo arquitectura, simplemente a otra escala. Un banco urbano, una mesa o un bloque prefabricado pueden contener las mismas preguntas que una vivienda o un edificio institucional: ¿cómo se relacionan con el cuerpo? ¿Cómo envejecen? ¿Cómo dialogan con la luz? ¿Qué memoria activan? El detalle también construye ciudad.

Compartir estas reflexiones en México también permitió descubrir algo profundamente esperanzador.

Aunque Puerto Rico y México poseen historias distintas, ambos territorios entienden que la arquitectura nace de una relación íntima con la materia. La piedra volcánica, el hormigón, la madera, la cerámica o la losa hidráulica hablan idiomas diferentes, pero todos expresan una misma aspiración: construir lugares capaces de pertenecer profundamente al paisaje que los rodea. Ese diálogo confirma que América Latina y el Caribe no solo producen buena arquitectura; también producen pensamiento arquitectónico con identidad propia.

Al finalizar la conferencia, quedó una sensación difícil de describir. Más que presentar un portafolio de proyectos, la invitación había permitido compartir una forma de mirar. Una manera de entender que la arquitectura no comienza cuando elegimos un acabado, sino cuando comprendemos la relación que ese material establecerá con el tiempo, con el clima y con las personas que lo tocarán todos los días.

Esa sigue siendo, quizás, la enseñanza más importante.

Porque diseñar con la materia nunca ha significado únicamente seleccionar concreto, madera, piedra o metal. Significa reconocer que cada material guarda una historia, una memoria y una posibilidad de construir vínculos con el territorio. En ALMATERIA creemos que esa conversación comienza en Puerto Rico, se enriquece en cada intercambio con estudiantes, colegas y comunidades, y continúa proyectándose hacia el mundo con la convicción de que la arquitectura más universal es, casi siempre, aquella que nace profundamente arraigada a un lugar.