Identidad, territorio y práctica contemporánea: una convención que traza rumbo

Por: Arq. Eliseo Berríos, M.Arch., AIA

· AIA,Leadership,Culture

Cuando concebimos la Convención Anual de Arquitectura y Diseño 2025 de la AIAPR, sabíamos que no queríamos organizar otro evento más. Queríamos encender una conversación profunda sobre qué significa diseñar desde este rincón del Caribe, en pleno siglo XXI. La respuesta emergió en dos días de conferencias, diálogos y encuentros: la arquitectura puertorriqueña, antillana y caribeña está en plena transformación, reclamando su voz, su territorio y su manera de hacer.

Bajo el lema “Identidad, Territorio y Práctica Contemporánea”, reunimos a profesionales de Argentina, México y Puerto Rico para reflexionar sobre una pregunta que late en todas nuestras prácticas: ¿cómo diseñamos cuando sabemos de dónde venimos y hacia dónde queremos proyectarnos?

Una práctica situada, no genérica

Vivimos en un contexto en el que las soluciones estandarizadas parecen seductoras por su simplicidad. Sin embargo, la realidad de Puerto Rico, por su clima, su historia social, sus estructuras económicas y sus tensiones territoriales, exige respuestas que nazcan de aquello que somos y de lo que necesitamos. Esta convención no fue un espacio de moda o tendencia; fue un foro de pensamiento crítico, de confrontación de diagnósticos y de compartir experiencias que dialogan con nuestras condiciones concretas: la memoria, la materia, la comunidad, el riesgo, la sostenibilidad y la urgencia.

Arquitectos y diseñadores compartieron proyectos, ideas, procesos y tensiones que ilustran cómo, en contextos de crisis climática, migración, escasez de recursos o inequidad social, se puede concebir una arquitectura que no solo responde al programa, sino también a la vida real de las personas que la habitan.

Identidad como herramienta proyectual

Una de las lecciones más claras de esta convención fue que la identidad no es nostalgia; es una herramienta proyectual. La identidad es entender que la arquitectura tiene el poder de narrar quiénes somos y de imaginar quiénes podemos llegar a ser. Desde Puerto Rico hacia afuera, esa identidad no se exporta copiando modelos foráneos. Se proyecta cuando diseñamos desde nuestra historia cultural, nuestros materiales, nuestros saberes y nuestras tensiones territoriales.

Que la convención se haya convertido en un espacio para hablar de memoria material, como las losas criollas, los bloques ornamentales, la tradición del hormigón expuesto o los saberes artesanales, demuestra que nuestra arquitectura contemporánea no rehúye la historia, sino que la reconfigura para mirar hacia adelante.

Territorio como condición ética

El territorio no es solo una superficie donde se ubican edificios. Es clima, economía, ecología, cultura, infraestructura, comunidad. Diseñar con conciencia territorial implica entender cómo nuestras decisiones afectan los modos de vida, el clima, la movilidad, la vulnerabilidad ante eventos extremos y los recursos naturales. La convención puso el foco ahí: no como abstracción, sino como práctica concreta.

Desde la costa hasta las montañas, nuestra arquitectura debe responder a las condiciones territoriales específicas. Y no solo eso: debe invitar a que esos territorios formen parte de la narrativa de cada proyecto.

Práctica contemporánea como gesto social

Hoy, la práctica arquitectónica debe ser crítica, interdisciplinaria y socialmente comprometida. No es suficiente crear estructuras bellas: debemos interrogar cómo esas estructuras impactan a las comunidades, cómo responden a la sostenibilidad real y no solo simbólica, cómo incorporan la resiliencia climática y cómo generan valor para quienes más lo necesitan.

La convención incluyó educación continua, networking profesional y exhibiciones de innovación en productos y tecnologías de construcción, pero lo más valioso fue el intercambio de experiencias y preguntas, no de respuestas prefabricadas. Ese diálogo entre diseñadores, académicos, constructores, estudiantes y profesionales aliados demuestra que la arquitectura, para ser contemporánea, debe ser participativa y sensible.

Hacia una comunidad global, desde una voz situada

Organizar esta convención en Puerto Rico también fue un acto de diálogo internacional. No se trató de replicar modelos globales, sino de poner en conversación con colegas de otras latitudes nuestras preocupaciones, nuestras prácticas y nuestros modos de ver el mundo. Eso no solo enriquece nuestra práctica local, sino que también demuestra que una arquitectura situada tiene algo que aportar al mundo.

En ALMATERIA creemos que la arquitectura nace de la memoria, se ancla en el territorio y se proyecta hacia el futuro sin renegar de quiénes somos. La convención 2025 nos recordó que nuestra práctica contemporánea también es una conversación ética con el lugar, la historia y la comunidad.

Puede conocer más sobre lo ocurrido en la convención 2025 en la reseña de Modo de Vida y en las entrevistas a sus conferenciantes.