Conversaciones que construyen: la arquitectura como una forma de pensar el país

Adaptado de una conversación con el Arq. Eliseo Berríos Rosado publicada en Amazing Speakers, disponible al final de este artículo.

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Hay conversaciones que trascienden el momento en que ocurren. No porque ofrezcan respuestas definitivas, sino porque plantean preguntas que permanecen abiertas mucho después de que termina la entrevista.

La arquitectura necesita más de esas conversaciones.

Con frecuencia reducimos nuestra profesión a aquello que puede fotografiarse: edificios terminados, espacios cuidadosamente iluminados o detalles constructivos ejecutados con precisión. Sin embargo, la arquitectura comienza mucho antes del concreto y permanece mucho después de la inauguración de una obra. Nace en la manera en que observamos el territorio, interpretamos las necesidades de una comunidad y decidimos qué tipo de futuro queremos construir.

Por esa razón, cada vez resulta más importante que los arquitectos salgamos del estudio para participar de la conversación pública.

Recientemente, el arquitecto Eliseo Berríos Rosado, fundador de Almateria, participó en una entrevista donde compartió algunas de las ideas que han acompañado tanto su práctica profesional como su labor académica e institucional. Más que hablar de proyectos específicos, la conversación giró alrededor de una pregunta mucho más amplia: ¿qué significa ejercer la arquitectura desde Puerto Rico en este momento histórico?

La respuesta nunca aparece como un manifiesto. Surge de múltiples reflexiones que se entrelazan constantemente.

Una de ellas tiene que ver con la identidad.

Durante décadas, gran parte de la formación arquitectónica en América Latina y el Caribe ha mirado hacia Europa o Norteamérica como principales referentes. Esa influencia ha sido valiosa y seguirá siéndolo. Pero también ha dejado una pregunta pendiente: ¿qué ocurre cuando comenzamos a mirar con la misma atención nuestro propio territorio?

Puerto Rico no necesita inventar una identidad arquitectónica. Ya la posee.

Está presente en la manera en que nuestras ciudades responden al clima tropical, en la inteligencia de los bloques ornamentales, en la permanencia de la losa criolla, en la relación constante entre interior y exterior y en la forma en que nuestras comunidades han aprendido a construir incluso bajo condiciones económicas y ambientales complejas.

La arquitectura contemporánea tiene la oportunidad de reconocer ese conocimiento acumulado y proyectarlo hacia el futuro sin convertirlo en nostalgia.

Otro de los temas que atraviesa la conversación es la educación.

La arquitectura rara vez se aprende únicamente dentro del salón de clases. Se aprende observando ciudades, escuchando comunidades, compartiendo con colegas y cuestionando aquello que parece establecido. Por eso la mentoría, la enseñanza y el intercambio entre generaciones ocupan un lugar tan importante dentro de la práctica profesional.

Cada arquitecto ha llegado hasta donde está gracias a alguien que compartió una conversación, una crítica o una oportunidad.

Continuar esa cadena de aprendizaje también forma parte del oficio.

La entrevista también invita a reflexionar sobre el liderazgo.

Con demasiada frecuencia asociamos el liderazgo con posiciones institucionales o reconocimientos profesionales. Sin embargo, ejercer liderazgo dentro de la arquitectura significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más complejo: contribuir a que la profesión sea más abierta, más colaborativa y más consciente de la responsabilidad que tiene frente a la sociedad.

La arquitectura no transforma ciudades únicamente mediante edificios. También transforma la manera en que una comunidad conversa sobre su futuro.

Quizás por eso resulta tan importante insistir en que el diseño no pertenece exclusivamente a los arquitectos. Las mejores obras nacen cuando distintas disciplinas encuentran un lenguaje común. Ingenieros, artesanos, artistas, clientes, comunidades y usuarios participan, cada uno desde su experiencia, en la construcción de un mismo proyecto.

Diseñar también significa escuchar.

En Puerto Rico, esa capacidad de escucha resulta particularmente necesaria. Vivimos en un territorio marcado por el cambio climático, las transformaciones demográficas, la vulnerabilidad económica y una enorme riqueza cultural. Ninguno de esos retos admite respuestas universales. Exigen una arquitectura profundamente situada, capaz de aprender del lugar antes de intentar transformarlo.

Ese ha sido uno de los hilos conductores de la práctica de Almateria: comprender que los materiales, el paisaje y la memoria colectiva no representan limitaciones para el diseño contemporáneo, sino precisamente su mayor fuente de innovación.

La conversación concluye sin ofrecer una fórmula para hacer mejor arquitectura.

Y quizá esa sea su mayor virtud.

Porque la buena arquitectura nunca nace de respuestas automáticas. Surge de la curiosidad permanente, de la capacidad para seguir formulando preguntas y de la disposición para aprender continuamente del territorio, de las personas y del tiempo que nos toca habitar.

En Almateria entendemos que cada conversación también forma parte del proceso de diseñar. Compartir ideas, abrir espacios para el diálogo y reflexionar sobre la práctica profesional constituye otra manera de construir arquitectura. Una arquitectura que comienza mucho antes del primer plano, que se nutre de la memoria y de la materia, y que encuentra en Puerto Rico no un límite, sino el punto de partida para dialogar con el mundo.

Nota editorial: Este ensayo toma como punto de partida una entrevista al arquitecto Eliseo Berríos Rosado sobre arquitectura, identidad y práctica profesional. Más que reproducir la conversación, busca ampliar las reflexiones compartidas y vincularlas con la filosofía de diseño de Almateria. La entrevista completa puede verse aquí: youtu.be/L1vUjqss_-M